Biblioteca Popular de Azul "Bartolomé J. Ronco"


Biblioteca Ronco


Horarios de atención al público: Lunes a viernes de 14.30 a 20.30 hs.

 

Donde los libros son sólo el comienzo

Por Adriana Abadie / Fotos: Eduardo Agüero y Enrique Rodriguez

 

La centenaria institución que goza de prestigio y reconocimiento en todo el centro bonaerense hace mucho más que ofrecer libros a socios y visitantes. Junto con un museo etnográfico, archivo histórico, hemeroteca y casa cultural, conforma una propuesta abierta a todos los sectores socio-comunitarios, que enorgullece a los locales y asombra a los turistas.

Enclavada en el centro mismo de la Provincia de Buenos Aires, Azul se erige como avanzada en el desierto pampa desde el año 1832. Distante trescientos kilómetros de la Capital Federal, desde su misma fundación fue referente de las poblaciones que, con el correr del siglo XIX, irían conformándose en las distintas zonas cercanas, donde las tribus de Catriel y Calfucurá iban cediendo terrenos en forma proporcional a la pérdida de hombres, en esos tiempos de sangre y lanza.
Como pionera de esa historia que se entramaba en forma paulatina, desde entonces la ciudad atesora un pasado rico, plural en manifestaciones culturales y acontecimientos diversos, donde el progreso siempre ha sido el hilo conductor.
No es sorpresa, entonce,s explicar que Azul cuenta con una de las bibliotecas populares más antiguas y completas del interior bonaerense. Fundada de manera oficial en 1892 (aunque habían surgido intentos y esfuerzos dos décadas antes), está ubicada en el corazón de la ciudad. Ocupa un inmueble de su propiedad en calle Burgos 687, que fue construido en 1910 y con el tiempo se sometió a modificaciones sustanciales, destinadas en todos los casos a optimizar su labor, a actualizar las posibilidades de responder mejor a más y nuevos usuarios.
Por su actividad, alcances e influjo, desde hace mucho tiempo la Biblioteca Popular de Azul trasciende la mera función bibliográfica, y constituye un riquísimo complejo cultural al alcance de una población que en la zona urbana ronda los cincuenta mil habitantes y supera los sesenta mil en todo el partido.

 

Saberes al alcance de todos

Esta entidad de arraigo comunitario altamente probado fue el sueño hecho realidad de un grupo de maestros que el 8 de mayo de 1892 designaron una primera comisión provisoria la cual inició una labor provechosa y constante, que sin interrupciones llega hasta hoy. Estos pioneros eran jóvenes cargados de sueños y filantropía, imbuidos en los ideales sarmientitos en cuanto a la necesidad de crear bibliotecas populares. Convencidos de que la educación y la cultura debían constituir una oportunidad genuina para todos los hombres y mujeres que habitaban el terruño, cualquiera fuese su condición social y económica, José María y Eduardo Darhanpé, Víctor Nigoul, Arturo López Claro, Abelardo Cano, entre otros, fueron los protagonistas de ese anhelo que dio buenos frutos, que obtuvo la personería jurídica en 1904 y que hoy conduce, como impostergable legado, la actual Comisión Directiva.
Pero si se habla de "complejo cultural", esto tiene significación más allá de los aproximadamente setenta mil volúmenes que conforman la biblioteca, pues su labor y alcance se extienden y complementan con el Museo Etnográfico y Archivo Histórico y con la Casa Ronco, llamada así por haber sido propiedad del doctor Bartolomé J. Ronco y su esposa María de las Nieves Giménez.
Este abogado nacido en Buenos Aires, y que eligió Azul para quedarse, fue votado presidente de la Comisión Directiva en 1930 y durante veintidós años, hasta su muerte, siguió renovándose en el cargo por voluntad de todos los asociados. Trabajó con denuedo y en forma constante; a su gestión se le deben muchas de las metas alcanzadas. En su memoria, la Biblioteca Popular de Azul lleva su nombre desde 1952, habida cuenta de lo que su accionar y sus condiciones humanas representaron para el progreso de la ciudad, pues estuvo presente en todos los acontecimientos importantes de la misma. El matrimonio tuvo sólo una hija, Carlota Margarita, que falleció en plena adolescencia. Juntos supieron transformar el dolor en acciones comunitarias. Así fue como la viuda sintió la necesidad de conservar la casa y todas sus pertenencias para legarlas a la biblioteca. La intención manifiesta de la señora de Ronco fue que la entidad mantuviera y administrara la magnífica casona, para que fuera utilizada por toda la comunidad mediante actividades y manifestaciones culturales. Este traspaso por disposición testamentaria se dio a conocer en abril de 1985, tiempo después del fallecimiento de la señora de Ronco. La casa, sus muebles, la espléndida biblioteca familiar conformada por aproximadamente seis mil volúmenes y valiosas colecciones, pasaron a formar parte del patrimonio de la Biblioteca un año después. Entre los destacados tesoros, cuenta con una colección cervantina y otra hernandiana, ambas reconocidas por su valor cultural y testimonial más allá de nuestro país. Si bien en estos tiempos en particular, la primera ha cobrado un especial protagonismo, no menos importante es la última, que incluye, entre otras joyas bibliográficas, la primera edición de la Primera Parte del máximo poema nacional (Buenos Aires, Imprenta La Pampa, 1872) con correcciones de puño y letra del autor, y la primera edición de La vuelta de Martín Fierro (Buenos Aires, Librería del Plata, Imprenta de Pablo Coni, 1874) con una dedicatoria autógrafa de José Hernández al Dr. Estanislao Zeballos, fechada el 6 de marzo de 1879. También lucen con brillo propio las subsiguientes ediciones originales, junto con traducciones a los más variados idiomas, láminas ilustrativas, vocabularios gauchescos y los más importantes estudios literarios que al Martín Fierro se han dedicado en el país.

 

Libros, lecturas e improntas

Quien por primera vez llega al antigua y remozado edificio de la Biblioteca Popular de Azul Bartolomé J. Ronco puede encontrarse con numerosas y llamativas sorpresas. Altísimas paredes literalmente forradas de libros editados en todos los tiempos conforman su riquísimo caudal, formado a lo largo de tantos años por donaciones y adquisiciones. Desde las primeras épocas los títulos fueron seleccionados cuidadosamente, siguiendo una línea de conducta en cuanto a su incorporación. Predominan las obras que tratan temas de educación, historia, literatura, arte, sin descuidar las demás ramas del saber. A las biografías, novelas, poemarios y obras teatrales de todo tipo que conforman el abanico de los saberes clásicos y enciclopedistas (característicos de la tradición imperante al momento de nacer la entidad), se le fueron incorporando paulatinamente las temáticas acordes a los tiempos que corren, como informática, tecnología, marketing y negocios, salud, turismo, gastronomía, entre otras.
No obstante, las actividades no se reducen a la consulta de libros y la posibilidad de retirarlos de sus asociados. Visitas guiadas a establecimientos educativos de la ciudad; propuestas destinadas a los niños, como cuentos y títeres; cursos prácticos de enseñanza; conferencias, mesas redondas y charlas a cargo de distinguidos escritores que visitan la ciudad, especialmente convocados para ello, son apenas algunas de las propuestas que todos los años acerca a la comunidad la Biblioteca, como parte de su servicio y tarea de efectiva interacción cultural.
El mobiliario y el espacio, la cuidada iluminación constituyen una saludable invitación a la lectura de libros y de los diarios del día de edición local y nacional. También un paseo y recorrida visual por estanterías y anaqueles son parte de las aventuras de curiosidad e imaginería que esperan a los potenciales lectores.
Un paisaje cotidiano lo constituye la visita, en tiempos de clases, de estudiantes de todos los niveles educativos, que se acercan a consultar e investigar en la Biblioteca. Muchos hacen uso de la posibilidad de fotocopiar parte del material que necesitan en el mismo lugar, para lo cual son atendidos por el personal que allí se desempeña.
Conforme la cantidad de volúmenes fue creciendo, se hizo necesario habilitar un primer piso, donde además en una sala especialmente acondicionada se conservan y preservan ejemplares muy antiguos, de valor para coleccionistas e investigadores.
Por todo y con todo, no puede menos que hablarse de un complejo, de un entramado cultural, donde la tarea se diversifica mediante la distribución de responsabilidades entre los miembros de la Comisión Directiva. Porque si bien cada espacio cuenta con personal especializado, el trabajo mancomunado, conjunto y consensuado permite sostener a una entidad centenaria que se erige como faro de cultura que enorgullece al conjunto de la ciudad.

 

Cervantes y la UNESCO

Si algo le faltaba a esta institución en lo que a reconocimiento se refiere, llegó precisamente al comienzo del año 2007, como colofón de una empresa conjunta con la Asociación Española de Socorros Mutuos de Azul. Las dos instituciones se unieron con un fin muy loable y puntual en el año 2004, sin imaginar entonces que la UNESCO, a través de su Centro Castilla - La Mancha declararía a Azul, el 23 de enero de 2007, como Ciudad Cervantina de la Argentina.
La distinción instala a esta tierra en el mapa mundial de la literatura y la cultura, y tiene todo que ver con la labor que iniciara el doctor Ronco, a partir de coleccionar ejemplares y diferentes ediciones de la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra. En el año 1932 expuso por primera vez sus libros, que fueron legados por su esposa, junto con la casa, a la Biblioteca. Así, abriendo las puertas a las actividades que el mundo hispano parlante dedicaría en el 2005 a conmemorar cuatrocientos años de la primera edición del Quijote, decidieron las entidades mencionadas reeditar esa exposición en el Teatro Español de la ciudad.
Los azuleños y los numerosos visitantes de todas partes de la República pudieron entonces apreciar valiosas ediciones antiguas como la aparecida en 1697 en Amberes, Bélgica; en Madrid 1723; Barcelona 1755; Madrid 1765; ediciones conmemorativas; de lujo; destinadas a los niños y a la juventud; traducciones a diferentes idiomas; ejemplares representativos de los distintos modelos ilustradores con que los artistas han concebido la inmortal obra; otros que fueran de propietarios distinguidos, como la edición de París de 1812 que perteneciera a la reina María Cristina de Borbón, cuarta esposa del rey Fernando VII; miniaturas y hasta una traslación al verso campero, publicada en Buenos Aires en 1948 por Pedro Eguía y Fernando Vargas Caba.
Junto a los libros, un sinnúmero de medallas, sellos de correo, cerámicas y azulejos, cuadros y reproducciones, dieron trascendencia a esa semana cervantina. Así quedó sellado el compromiso que toda la comunidad manifestó para con ese emprendimiento. Los ecos no tardaron en llegar a España, donde tras una presentación de un proyecto de declaración, llegó la ansiada distinción.
Desde entonces, la Biblioteca Popular Bartolomé J. Ronco está escribiendo otro maravilloso capítulo de su historia.

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Ubicación

Burgos 687 - Azul, Buenos Aires - Cómo llegar